Una imagen no vale más que mil palabras.
Porque la imagen es una, las palabras son miles, miles de
emociones, sentimientos, opiniones…. y aunque sea de letras, hasta donde sé,
más de mil vale más que uno.
Subjetividades que nos imponen como objetividades.
Imposiciones de verdades absolutas que nos doblegan.
Detrás de una imagen hay más de mil historias (con sus
millones de palabras) de la que yo me empeño en hacerte creer, sin maniqueísmo
ni politicismos de saldo.
Me niego a dejarme convencer de que lo que veo es
simplemente una única cosa, porque son tantas… me niego a dejarme mediatizar y
manipular por la imagen elegida concienzudamente para hacerme creer lo que
quieran que crea.
Me niego a que no exista un límite, un mero valor para la
manipulación por medio de las imágenes, que deba ser conmovida, impactada,
dolida, herida, que todo valga… que mi ser pueda ser encaminado sin
condescendencia ni misericordia hacia las imágenes que se empeñan en clavarnos
hasta el alma.
Reniego de tener que estar haciendo exactamente eso mismo,
el buscar el cartel impactante que te lleve a mi objetivo.
No me creas, no me hagas caso… desdéñame, quédate sólo con
la esencia, con la límpida raíz que se desdibuja tras los límites casi amorales
de esta sociedad.
¿Sabes qué? Me haré objetora de conciencia de la imagen
manipuladora, narraré la historia y su valor, te impactaré con las puras
palabras que dicen lo que quieren decir sin artificio ni photoshop, sin bandas
sonoras que te ericen el cabello, sin apelar a conciencias ni sentimientos… y quizá
así… si encuentras los minutos necesarios para leerlo y dejarte calar por lo
escrito y te conmueves y te erizo el cabello y las lágrimas te asaltan y te
brota del pecho la necesidad de cambiar este mundo… quizá así, si esto sucede, podré considerar mi
deber bien hecho y cuasiperfecto. Porque la verdad debe ser salvífica.
Pero somos hijos malcriados de nuestro tiempo… y a mis
versos les busco la imagen perfecta: aquella que te llame la atención y te ponga
ante mis palabras, frente a frente y a veces erráticamente predispuesto (pues es
prácticamente imposible encontrar esa exactitud).
Pero somos padres consentidos de nuestro empeño y sé, que si
no pongo una imagen, siquiera vas a leerlo (entonces, pues, mi soberbia puede más que
cualquier alegato o manifiesto).
Así que hoy yo, que los marcos de mi casa están rellenos de versos…
porque no he encontrado las imágenes que quiero que me acompañen, pero sí las
palabras con las que resguardarme, yo que llevo media tarde haciendo lo que no
quiero… me atrinchero.