Y hoy quizá porque la lluvia ha desdibujado todas las siluetas
que estaba formando, porque ha embarrado todos los colores y emborronado las
letras y sus acentos. Quizás hoy, por culpa de la lluvia, todo ha calado en la
tierra infértil y recobra un sentido nuevo o tal vez porque después de una
noche de pesadillas nos queda una agónica necesidad de entender. En cualquiera
de los casos hoy llueve y hoy asocio la necesidad de arcoíris, las pesadillas y
el sentido de lo éxtimo.
Porque ¿qué hay mejor ubicado en nuestra extimidad que las
pesadillas y sueños? esas películas que vivimos y sentimos no-conscientemente y
que son realmente cuerpos extraños que nos revelan lo más íntimo de lo íntimo,
es decir, lo éxtimo. Y al igual que cuando despertamos ansiamos refugiarnos en
nuestros recodos más calmos, cuando llueve y sale el sol, tenemos el frenético
instinto de buscar un arcoíris que nos llene de ilusión.
Hay quienes nunca buscan arcoíris, hay quienes cuando llueve
esperan que un rayo de luz atraviese las nubes para encontrarlo, la verdad es como
si esto dijera tanto de nosotros mismos…
El caso es que ya no voy a hacer un discurso sobre este
curioso concepto que he conocido recientemente que es lo éxtimo, ni voy a hacer una historia sobre el buscador de arcoíris,
ni voy a hacer una sopa de letras con las pesadillas y pescadillas,
empanadillas, ensaladillas, buhardillas ni marisabidillas.
Hoy todo se ha revuelto y os mostraré mi extimidad más allá
de metáforas y teoremas: Arrastrando aún esa terrible sensación de angustia por
los temores incomprensibles que nos aturden en las noches frágiles, es decir,
en esas noches en las que rompes en añicos una y otra vez tus sueños;
arrastrando, como decía, esa sensación espero mientras veo llover por la
ventana ese rayo de luz que desencadene un arcoíris y que me haga sentirme no
sólo una niña, sino una niña esperanzada.
Pero la verdad es que hoy se ha revuelto todo, y lo cierto
es que cuando los colores del arcoíris se revuelven y se mezclan el resultado
es el negro.








