Silvio Rodríguez dice que está buscando una palabra, yo ando buscando muchas, tantas como sean necesarias para explicarme a mí misma qué me está pasando. Y las busco y rebusco entre las hojas secas de un parque, entre las paredes macilentas de una gran casa, entre los rincones oscuros de los bares difusos por el humo...
Se toman determinaciones más o menos firmes movidos por un aliento de vitalidad que, en ocasiones, no son plenamente propios de nuestra persona, y de repente te encuentras con que, una vez cumplido lo determinado, tienes las manos completamente vacías y el corazón extraviado.
He dejado pasar muchos versos, les he dejado escaparse como quien, con resignación, deja que alguien se marche aun sabiendo que tú deseas alcanzarlo, aun sabiendo que el otro ansía que le alcancen. He dejado que se desvanecieran muchos pensamientos, profundos, sinceros. He omitido muchas preguntas escapándome, verdaderamente, escurriéndome como gota de lluvia por un cristal. En definitiva, he evitado cualquier acto que supusiera encontrarme frente a mí. Porque no sé a quien me voy a encontrar en frente mío, no sé como será su rostro después de tanto tiempo, porque ignoro el color de unos ojos que nunca he mirado directamente, porque no sé cómo pararme frente a mí y no gritarme, y no llamarme estúpida y no sentirme culpable por lo mal que convivo, porque no sé como decir a quien me encuentra que estoy bien y suene a cierto, porque no sé como poder aislarme de todos aquellos a los que les daña mi conversación ausente, mis respuestas esquivas, mis evasivas, en suma, mi poca atención, porque me he quedado desnuda en mi noche más oscura y fría, se me helaron las manos a la intemperie, me quedé sin fuerzas por una posición estática y aún así no he conseguido que una sola persona alcance a descubrirme. Y si pudiera, si verdaderamente pudiera, me pondría a dar puñetazos hasta que al estirar mis brazos no me tropezara con nadie, pero sé que no puedo.
Me gustaría pararme, no... miento... no quiero pararme, no puedo pararme, no ahora, no de momento, porque si me parara me daría cuenta de que bajo mis pies no hay nada, no hay suelo, no hay mar, no hay cielo, ni barro, ni siquiera el agujero de un pozo yermo. Si me parara me quedaría en el vacío, en el absurdo, me precipitaría hacia los abismos del enmascaramiento y entonces, todo lo hecho no habría sido más que un acto de sufrimiento gratuito. No puedo pararme, tengo que seguir hasta lograr que una de estas mañanas no me hiera tanto el daño que causo, y quizá después de eso, ponerme frente al espejo y saber quién soy, y tal vez después de esto, estirar mis brazos y saber que hay un sentido, breve, efímero, eterno, da lo mismo.
Se toman determinaciones más o menos firmes movidos por un aliento de vitalidad que, en ocasiones, no son plenamente propios de nuestra persona, y de repente te encuentras con que, una vez cumplido lo determinado, tienes las manos completamente vacías y el corazón extraviado.
He dejado pasar muchos versos, les he dejado escaparse como quien, con resignación, deja que alguien se marche aun sabiendo que tú deseas alcanzarlo, aun sabiendo que el otro ansía que le alcancen. He dejado que se desvanecieran muchos pensamientos, profundos, sinceros. He omitido muchas preguntas escapándome, verdaderamente, escurriéndome como gota de lluvia por un cristal. En definitiva, he evitado cualquier acto que supusiera encontrarme frente a mí. Porque no sé a quien me voy a encontrar en frente mío, no sé como será su rostro después de tanto tiempo, porque ignoro el color de unos ojos que nunca he mirado directamente, porque no sé cómo pararme frente a mí y no gritarme, y no llamarme estúpida y no sentirme culpable por lo mal que convivo, porque no sé como decir a quien me encuentra que estoy bien y suene a cierto, porque no sé como poder aislarme de todos aquellos a los que les daña mi conversación ausente, mis respuestas esquivas, mis evasivas, en suma, mi poca atención, porque me he quedado desnuda en mi noche más oscura y fría, se me helaron las manos a la intemperie, me quedé sin fuerzas por una posición estática y aún así no he conseguido que una sola persona alcance a descubrirme. Y si pudiera, si verdaderamente pudiera, me pondría a dar puñetazos hasta que al estirar mis brazos no me tropezara con nadie, pero sé que no puedo.
Me gustaría pararme, no... miento... no quiero pararme, no puedo pararme, no ahora, no de momento, porque si me parara me daría cuenta de que bajo mis pies no hay nada, no hay suelo, no hay mar, no hay cielo, ni barro, ni siquiera el agujero de un pozo yermo. Si me parara me quedaría en el vacío, en el absurdo, me precipitaría hacia los abismos del enmascaramiento y entonces, todo lo hecho no habría sido más que un acto de sufrimiento gratuito. No puedo pararme, tengo que seguir hasta lograr que una de estas mañanas no me hiera tanto el daño que causo, y quizá después de eso, ponerme frente al espejo y saber quién soy, y tal vez después de esto, estirar mis brazos y saber que hay un sentido, breve, efímero, eterno, da lo mismo.
6 comentarios:
Es curioso como te ves a ti misma, yo desde fuera veo y trato con una Tere optimista, luchadora, alegre, con ganas, con muchas ganas..., y esa Tere no la veo en tus reflexiones, en tus poesías, en tus letras... Todos somos y tenemos luz y oscuridad, grandeza y miseria, dualidad... Añoro en tus letras tu "luz", la que veo todos los días.
Una compañera del camino.
Muchos estamos en camino,buscando, pero algunos lo saben y otros prefieren ignorarlo. Es verdaderamente duro enfrentarse a uno mismo. Lo sè. Quizà sabemos que lo que creemos que somos no sea del todo cierto... Complicado.Dices que nadie te ha llegado a descubrir pero... ¿te dejas? o ¿te escondes bajo tus miedos?. Reconoces a alguien en tu caminar, ¿lo valoras?, ¿lo cuidas? hasta los cactus necesitan un poco de agua. Las bellas flores, generalmente necesitan màs. Desde la ignorancia te animo a continuar
A veces, sólo somos elementos reflectantes, proyectamos la luz que los otros tienen y que entra en nuestro alma y sale de nuevo hacia los demás.
A veces, cuando estamos a solas en nuestro cuarto no hay esa luz de los otros, somos como lunas sin sol cuando ahondamos en nuestro interior. Nos vemos en el camino
Quien me lee, me descubre, me conoce.
Quien me pregunta levanta la manta de mis miedos y encuentra bajo ella la verdad.
Luego cada uno es libre para creer que es cierto o pensar que no.
Comparto un corazón en carne viva, al descubierto, que sólo se revela en el interior de uno mismo.
Aunque duela, aunque resulte frustrante, esto es lo que yo encuentro en el trascacho de mi húmedo desierto.
Error. No somos como lunas pues los satèlites no tienen luz propia. Somos estrellas, todas con luz, aunque màs o menos intensa. Luz maravillosa que proviene de Dios a pesar de que en algunos casos no queramos que otros la vean. Es como aquello de que si en un bosque se cae un àrbol y no hay nadie que lo escuche, ¿hace ruido?; si escondemos nuestra luz estamos en riesgo de perder su misiòn que es dar sentido a nuestra vida e iluminar a los que lo necesitan. Hay otro riesgo: si deseamos ser la luz principal de todo cuanto nos rodea, podemos quemarnos con nuestra propia intensidad. APRECIA LA LUZ DE LOS TUYOS E ILUMINALOS CON LA TUYA.
Cuando paras, paras... probablemente.
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