domingo, 2 de junio de 2013

MANIFIESTO DE LA CONCIENCIA ENFADADA

Una imagen no vale más que mil palabras.
Porque la imagen es una, las palabras son miles, miles de emociones, sentimientos, opiniones…. y aunque sea de letras, hasta donde sé, más de mil vale más que uno.

Subjetividades que nos imponen como objetividades.
Imposiciones de verdades absolutas que nos doblegan.
Detrás de una imagen hay más de mil historias (con sus millones de palabras) de la que yo me empeño en hacerte creer, sin maniqueísmo ni politicismos de saldo.
Me niego a dejarme convencer de que lo que veo es simplemente una única cosa, porque son tantas… me niego a dejarme mediatizar y manipular por la imagen elegida concienzudamente para hacerme creer lo que quieran que crea.
Me niego a que no exista un límite, un mero valor para la manipulación por medio de las imágenes, que deba ser conmovida, impactada, dolida, herida, que todo valga… que mi ser pueda ser encaminado sin condescendencia ni misericordia hacia las imágenes que se empeñan en clavarnos hasta el alma.
Reniego de tener que estar haciendo exactamente eso mismo, el buscar el cartel impactante que te lleve a mi objetivo.
No me creas, no me hagas caso… desdéñame, quédate sólo con la esencia, con la límpida raíz que se desdibuja tras los límites casi amorales de esta sociedad.
¿Sabes qué? Me haré objetora de conciencia de la imagen manipuladora, narraré la historia y su valor, te impactaré con las puras palabras que dicen lo que quieren decir sin artificio ni photoshop, sin bandas sonoras que te ericen el cabello, sin apelar a conciencias ni sentimientos… y quizá así… si encuentras los minutos necesarios para leerlo y dejarte calar por lo escrito y te conmueves y te erizo el cabello y las lágrimas te asaltan y te brota del pecho la necesidad de cambiar este mundo…  quizá así, si esto sucede, podré considerar mi deber bien hecho y cuasiperfecto. Porque la verdad debe ser salvífica. 

Pero somos hijos malcriados de nuestro tiempo… y a mis versos les busco la imagen perfecta: aquella que te llame la atención y te ponga ante mis palabras, frente a frente y a veces erráticamente predispuesto (pues es prácticamente imposible encontrar esa exactitud).
Pero somos padres consentidos de nuestro empeño y sé, que si no pongo una imagen, siquiera vas a leerlo (entonces, pues, mi soberbia puede más que cualquier alegato o manifiesto).
Así que hoy yo, que los marcos de mi casa están rellenos de versos… porque no he encontrado las imágenes que quiero que me acompañen, pero sí las palabras con las que resguardarme, yo que llevo media tarde haciendo lo que no quiero… me atrinchero.





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