Tan sólo
unos centímetros nos separan del precipicio que nos arroja vertiginosamente
hacia los límites, tal vez infranqueables, tal vez circunstanciales.
Tan sólo
un par de piedras, un trozo de tierra y un puñado de hierba:
tan sólido
como inestable.
Tan sólo
unos segundos nos separan de la locura que nos arrastra irrefrenablemente hacia
la frustración, tal vez contenible, tal vez incontrolable.
Únicamente
un par de pensamientos, unas sutiles emociones y el recuerdo de una mirada:
tan firme
como versátil.
Tan sólo
unos centímetros y unos segundos nos separan de la destrucción que nos dispara precipitadamente
hacia el vacío, tal vez voraz, tal vez devastador.
Tan demoledor
como salvífico.
Siempre
tardía, la conciencia se impone cuando desdeñaste aquellos segundos y huiste de
aquellos centímetros y en la caída al vacío todo es revelado.
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