Hay lugares donde
sólo se detiene el paso,
donde únicamente se
puede reposar la cabeza,
descalzar los pies y
aflojarse los pantalones,
desabrochar la
camisa y lanzar el peso al suelo.
Hay recodos
latientes donde exclusivamente
se frena los
segundos necesarios para seguir respirando,
donde se inspira el
alma
y la clarividencia
se instala.
Hay parajes donde
encuentras una mesa puesta
y una cerveza fría o
un té caliente,
y tal vez una mano
que serena,
y quizá unos brazos
que acallan.
Hay remansos cálidos
donde el alma se silencia
y al son del susurro
que apacigua
el cuerpo se
acompasa,
y cuando todo está
en paz y calma
únicamente se puede
alzar la cabeza,
calzar los pies,
apretar los pantalones,
abrochar la camisa y
recoger el peso tirado al suelo
y proseguir el
camino paso a paso
sin volver la mirada
al trascacho
a veces vacío, otras
solitario,
en ocasiones,
temporalmente, habitado.
Alentando estático,
siendo el más fuerte
de los cerros
y el más endeble de
los páramos.
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