Me encelo de la luz
porque estoy a la sombra.
Miro con envidia
deseando estar del otro lado,
donde los rayos
choquen en mi ventana,
y la abra y me limpie
de oscuridad.
Pero estoy a la
sombra,
donde sólo puedo
mirar celosa la luz
sin sentirla
caldeando mi pecho,
donde ella no viene a
mí si yo no me levanto del sillón
y bajo al parque y me
siento a la luz bajo los árboles
mientras los
viandantes miran curiosos
a una joven radiante.
Pero me quedo sentada
en mi sillón a la sombra,
mirando recelosa esa
luz que sí tiene la otra orilla
y me enfurezco por
sus persianas casi bajadas,
sus ventanas cerradas
y sus cortinas corridas.
Tienen demasiada luz
que no soportan
mientras yo ensueño desde
la sombra
que algún día esa luz
será también mía.

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