¿Qué
indescifrable sinsentido es el que une y enlaza los pensamientos en el caminar?
De ida iba
pensando que conozco la ternura casi tanto como la locura y el
espanto de esa rabia que nunca y nada cambia.
Luego comencé, no sé por qué a
devanar la palabra reconfortar, desmenuzándola como un tabón de tierra reseca:
re – con –
fortar…. volver a dar fortaleza y fuerza,
pero “con”, esto
lo cambia todo sin duda, lejos de fortalecerte y reforzarte, al otro extremo de
forzar y forcejear, ajeno del esforzarte en fuertes contrafuertes… reconfortar… qué
grandiosa palabra.
Regresé
pensando en que siempre necesito crear palabras nuevas para las emociones que
me invaden, intentando encerrar tantas ideas y sentimientos en apenas dos
palabras que lo significaran todo, que dijeran exclusivamente eso que tenía
dentro: violencia cósmica. Estaba llena de violencia cósmica.
Pero de
pronto pasó una pelota delante de mí y entonces pensé que existen dos personas,
las que según se acerca una pelota la patean y las que la dejamos pasar de
largo, y se me olvidó todo lo que antes estaba pensando y me pregunté a mí
misma qué extrañas conexiones son las que tenemos en el cerebro y supe que
conozco la locura, casi tanto como la ternura y el espanto de esa violencia que
te invade y que nunca y nada cambia.
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