miércoles, 23 de enero de 2013

...SECÁNDOSELOS CON LA TOALLA


y se pone a lavarles los pies a los discípulos,
secándoselos con la toalla que se había ceñido…

Llevo años dedicada al cuidado, de otros, más que de mí misma, pero no ha sido hasta hace relativamente poco que el significado más profundo y metafísico de esta palabra me ha calado el alma.
COGITARE _coidar _cuidar
Siempre he cuidado desde el COGITARE más popular, el de prestar atención para conservar algo y no ha sido hasta que me he encontrado “cuidando” del secar unos delgados pies, algo inseguros y que no ven dónde se detiene mi mano o cómo va a frotar la toalla contra la piel, cuando realmente he llegado a ese COGITARE en desuso del pensar, reflexionar y del meditar, de adentrarte en lo realmente valioso que es poner los cinco sentidos en la tarea más sencilla, a aprehender el respeto que supone llevar a cabo un acto tan habitual, pero que, sin embargo, considero que ha de hacerse con la extrema delicadeza de la ternura.
No soy madre, quizá si lo fuera ya habría descubierto esto mucho antes, pero lo hago ahora, aunque siempre he cuidado con el corazón más que con teorías, olvidando horarios y disciplinas cuando se trata de gozar de las personas y de sus rituales diarios, pero hasta este minúsculo e insignificante hecho tan cotidiano, no había llegado a comprender la capacidad que tenemos en nuestras manos los cuidadores, los guardianes de la dignidad de quienes han sido silenciados, los conservadores de la exclusividad de cada persona (con sus manías, rutinas y olvidos), los que prestamos atención a aquello a lo que el otro no alcanza.
Hay muchas formas de llevar a cabo cualquier acción cotidiana de la vida, pero lo cierto es que cuando por fortuna una de ellas te revela una emoción sutil y te azuza el pensamiento, no puedes por menos que compartirla para que el resto del mundo entienda por qué estamos tan locos y felices de ser lo que somos y de hacer lo que hacemos cada día. Ni más ni menos.

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