¿Qué
de cierto hay cuando, al fin, posas tus pies en la tierra prometida?
Has
llegado, lo sabes, pero ignoras todo lo demás.
Quieto,
inmóvil ante el horizonte tantas veces soñado. Descentrado.
Evocando
los recuerdos de lo que esperabas que ibas a encontrar ante tus ojos y que
ahora
se
muestra arrogante ante ti, insolente, confuso, magnánimo.
Un
ápice de terror atraviesa la euforia de la conquista.
El
abismo de lo soñado.
El
crujir de las ilusiones acomodándose al calor de la leña.
El
chasquido de lo ansiado.
El
humo de lo imaginado.
El
olor del recuerdo amarrado al alma.
Aprietas
los puños, frunces los labios y contraes tu sexo.
Cierras
los ojos y vacilante dejas que el aire te golpee, mientras, sientes en la nuca
el escalofrío
y en tu retina un arco de piedra se va volviendo
borroso e insignificante.
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