lunes, 21 de enero de 2013

DE VUELTA DE LA TIERRA PROMETIDA


¿Qué de cierto hay cuando, al fin, posas tus pies en la tierra prometida?
Has llegado, lo sabes, pero ignoras todo lo demás.
Quieto, inmóvil ante el horizonte tantas veces soñado. Descentrado.
Evocando los recuerdos de lo que esperabas que ibas a encontrar ante tus ojos y que ahora
se muestra arrogante ante ti, insolente, confuso, magnánimo.

Un ápice de terror atraviesa la euforia de la conquista.
El abismo de lo soñado.
El crujir de las ilusiones acomodándose al calor de la leña.
El chasquido de lo ansiado.
El humo de lo imaginado.
El olor del recuerdo amarrado al alma.

Parado ante el arco de la entrada.
Aprietas los puños, frunces los labios y contraes tu sexo.
Cierras los ojos y vacilante dejas que el aire te golpee, mientras, sientes en la nuca el escalofrío
y en tu retina un arco de piedra se va volviendo borroso e insignificante.

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