martes, 9 de julio de 2013

DESASTRE TECNOLÓGICO


Mi impresora dejó de imprimir,
se puso a parpadear incesantemente
en un frenético rotar de luces,
hasta llegar al electroencefalograma plano.
Mi portátil no quiere cargarse más,
dice que ya está agotado y que debo renovarle,
será por tantas letras y tantas noches alumbrando salones.
Mi teléfono tiene una efímera vida,
apenas unas cuantas horas de charla y mensajes,
de emoticonos y frases breves.
Mi ebook es quien decide cuando debo dormir
y después de 100 páginas se apaga.

¿Será un fallo de energía?
Busco dónde conectar tanto artilugio,
pero no encuentro la toma de corriente adecuada,
así que dejo que las baterías se agoten,
que se vaya oscureciendo la pantalla
hasta quedar sin aliento ni resuello.
Suspirando hondo y ovillándote.
Posando las manos en el regazo
y consumiendo a bocanadas
el aire inagotable
que te ha de convencer de que aunque nada cargue
imparablemente sigues funcionando.

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