Porque al final…
ante la vitrina de copas
relucientes
la torpeza se impone
y el esmerado cuidado de antaño
resulta vano entre las manos.
Porque al final,
las prisas provocan rayones en el
alma
y muescas irreparables en las
jambas
que enmarcan puertas cerradas
y cerrojos de llaves tiradas al
mar.
Porque al final
los botes de pintura se derraman al
suelo
y se salpican las paredes
de translúcidas goteras
que escurren lentas y dolorosas.
Porque finalmente,
la torpeza se impone
y todo regresa a su inevitable caos
hirientemente inherente.
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