Una vez me entretuve con un sueño:
lo tomé, lo solté, le dimos vueltas,
lo aprendí, me lo puse, fui su dueño
y pensé que era cosa ya resuelta.
lo tomé, lo solté, le dimos vueltas,
lo aprendí, me lo puse, fui su dueño
y pensé que era cosa ya resuelta.
(Sueño Valseado, Silvio
Rodríguez)
Hoy es uno de esos días en
los que un sueño te merodea y hasta te ronronea enredado entre tus piernas.
Hoy es una de esas mañanas en
las que las vecinas te despiertan y te alegra porque estabas viviendo una
hermosa historia y no te habías dado cuenta, ya ves (qué ironía) porque estabas
dormida.
Y te acurrucas entre las
sábanas para seguir soñando tu dulce sueño y saber cómo acaba…
aunque sabes bien que nunca
se acaban, te quedas saboreando cada instante de lo que extrañamente no sabes
si sigues soñando o es ya pensado, y te recreas en cada palabra, en cada cara,
en cada instante… dejándote llevar hipnotizado por esa historia que está dentro
de ti…
Y te levantas (porque al final
siempre hay que levantarse) y sigues con los ojos entornados para no perder ese
regusto a sueño inacabado.
Te aferras a él, casi lo
dejas encerrado para que no se pierda y en la noche puedas recuperarlo.
Y sales a la calle y caminas
y trabajas y tomas café…
pero tu sueño te sigue
enredado en el pelo, anudado a tu alma…
¡FeliceS SueñoS!






















