Los mismos pasos, personas que deambulamos por las mismas baldosas, a diario con el mismo rumbo, articulados en una sinergia vital que te ancla al mundo. No hay rostros, son un bolso, un bastón, una mochila, una silueta familiar a fuerza de ser fugazmente mirada a diario... que cuando no aparecen, te invade una angustia tal, que te hace sentir ajena a tu realidad.
Somos ”cronomaniáticos” en un mundo “cronologizado”.
Respiramos en la era del “homo solitus” …

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