como desintegrándose en partículas efímeras
que se desvanecen tras una o dos cabriolas
en el aire mustio y escaso
de diez metros cuadrados.
Se hace ceniza entre plumas y letras
como quemándose en lienzos blancos
que se consumen en el pavimento.
Pero al alba alguien barre el suelo
y compone un montón
de un puñado de sueños
que adormilados pies pisotean
sin dolor ni remordimientos.
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