Se clavan por igual
las primeras hojas del otoño
en la pupila y en las manos
y se desangran por igual
el corazón y los actos.
Se anuda, resquebrajan,
se enlazan y desatan
los sentimientos
y me encuentran sentada
al borde de una cama
con un hueco perfecto: el mío
No sólo abrí puertas,
he derribado muros a arañazos,
con lágrimas he deshecho corazas
y ahora desnuda ante el mundo
descubro que sigo siendo
igual de insondable,
simplemente una extraña
pero con más frío
y expuesta a las otoñales heladas.
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