Hubiera sido mejor —dijo el zorro— que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las
cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me
sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la felicidad. Pero si tú vienes
a cualquier hora, nunca sabré cuándo preparar mi corazón... (El Principito)
Mantenemos el aliento
gracias a segundos de pequeñas esperanzas,
y aunque el dolor sea inmenso cuando se desvanece lo anhelado,
son estas pequeñas esperazas del día las que nos mantienen vivos.
Quizá, las personas que no tenemos grandes sueños ni loables metas que alcanzar
tenemos grandiosos segundos de esperanzas y horas de tristezas,
para mantenernos latientes minuto tras minuto cuando el mundo se vuelve vertiginoso y sin sentido.
"La esperanza es un estimulante vital
muy superior a la suerte"
Nietzsche
























