en una noche calurosa de verano,
sin luna que distraiga,
sin casas que limiten,
oyendo el rumor del agua,
el sonido de los insectos y las ramas...
y no me nace la poesía;
Tengo el corazón de mudanza
y no sé en qué caja guardé
las palabras.
Y oigo las voces de la gente lejana
pero ninguna voz está
tan distante como la tuya;
y pienso en los cielos de agosto
que te di y lo ingratos que han sido
todos menos este.
Tengo el corazón de mudanza
y no sé en qué caja puse el alma,
no sé dónde embalé las lágrimas,
ni en qué baúl guardé
todo el amor que no te di.
Estoy mirando las estrellas
espejo de margaritas y trigales
y tengo el corazón tan enredado
que no me salen más palabras
que las que a diario trago.
*/*/*/*
Existe ese temor aprendido,
ese sujetar firme las riendas
para no tomar el cruce indebido
cuando se hace un viaje de ida y vuelta
(como por ejemplo: la vida)
Existe ese sabor amargo,
ese olor a rancio
de lo tristemente perdido,
de lo ingratamente maltratado
cuando se unen dos cuerdas de distinto ancho
(como por ejemplo: nuestras vidas)
Existe ese dolor en el pecho,
ese vacío en el alma
cuando no se sabe querer lo que se ama,
cuando no se puede amar lo que se tiene
(como por ejemplo: a ti)
ese sujetar firme las riendas
para no tomar el cruce indebido
cuando se hace un viaje de ida y vuelta
(como por ejemplo: la vida)
Existe ese sabor amargo,
ese olor a rancio
de lo tristemente perdido,
de lo ingratamente maltratado
cuando se unen dos cuerdas de distinto ancho
(como por ejemplo: nuestras vidas)
Existe ese dolor en el pecho,
ese vacío en el alma
cuando no se sabe querer lo que se ama,
cuando no se puede amar lo que se tiene
(como por ejemplo: a ti)
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