jueves, 23 de abril de 2020

Palabras confinadas 2



Y al cerrar la puerta descubrí

que todo estaba lleno de palabras....

pero aún no sabía

que debería pasarme mucho tiempo con ellas,

rebotando,

revoloteando,

resonando

en las paredes de mi casa.

Y aunque abrí las ventanas y balcones,

a ver si ellas querían marcharse

(por su derecho de libre circulación)

en su tozudez innata

decidieron confinarse en mi casa,

sin dejarme otro remedio

que compartir mi sofá

cuando llego del trabajo.



Me dicen soledad, silencio, alerta...

y las espanto a manotazos

porque es de noche, estoy cansada, el sofá es mío,

y mi día ha sido mucho más que eso.



Está claro que el aire de una madrugada de abril

no las resulta más apetecible

y que han preferido hacerse dueñas

de una casa en la que apenas habito.

Por suerte llegará mayo

(que me dice poco y me interesa menos)

y a lo mejor, se animan a un leve escarceo.



El caso es que, una vez más, cerré la puerta

y mi casa, esta vez,

se quedó llena de palabras en aislamiento

hasta nuevo aviso, nueva orden o real decreto.

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