¿Qué
buscan los ojos
vidrio
empañado (del invierno)?
¿Qué
quieren alcanzar las manos
cristales
translúcidos (de febrero)?
¿Qué
sonido ansía la boca
metal
de campana (que a cuartos toca)?
Puedo
escribir los versos más absurdos esta noche
porque
el desvelo de la jornada me sostiene.
Decir,
por ejemplo, que me dueles terriblemente
replicando
en lo hondo de la preocupación y la congoja.
Llegará
la calma, lo sé,
pero
en la tormenta me vuelca la cama,
me
atiza el pasado
y me
hiere el alma.
Registro
el cuaderno de bitácora
para
hallar las premisas y reparos,
la
parte de culpa y de espanto
y la
clave maestra de desandar los pasos.
Llegará
la calma, pero mientras tanto,
me
aferro a los cantos de una cama
que me
vuelca en cada madrugada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario