martes, 5 de febrero de 2013

ANALES (APÓCRIFOS) DEL BESO I



Ayer me han regalado un beso… y me ha hecho tan feliz que lo cuento.

El más dulce, tierno y cariñoso beso en la mejilla jamás contado en la historia de los besos. 
Suave, silencioso y duradero. 
Sutil como la caricia y certero en su búsqueda del centro de las emociones.

Pocos lo entenderán, sobre todo porque en las enciclopedias de los besos no aparece este tipo de ósculo: el beso-down.
Creo que habría que interpelar a los eruditos de la real academia de los besos para que los incluyan con nombre propio, porque verdaderamente son exclusivos, pero cegados por el consumismo y las normas sociales solamente se preocupan por investigar los besos de príncipes, princesas, damiselas y caballeros… y se olvidan de que hay muchos otros que también merecen estar en el catálogo de besos.

Afortunadamente, a pesar de la presión mediática, siguen existiendo sigilosos besos que estrepitosamente te desarman la fiereza.
Felizmente, sigue existiendo quien es capaz de dar el más puro beso en la mejilla a la antigua usanza.
Por dicha, me hace tanta ilusión, que seguiré catalogando los besos “como dios manda”, enfrascando los auténticos y desechando los embusteros y manidos.

"Desde la creación del beso ha habido cinco grandes besos que han sido catalogados como los más puros, los más intensos, los más apasionados de todos los tiempos… este los superó a todos” 
(La princesa prometida. William Goldman)

1 comentario:

Monglino dijo...

Gracias por no callar...