Ayer me han regalado
un beso… y me ha hecho tan feliz que lo cuento.
El más dulce, tierno
y cariñoso beso en la mejilla jamás contado en la historia de los besos.
Suave,
silencioso y duradero.
Sutil como la caricia y certero en su búsqueda del
centro de las emociones.
Pocos lo entenderán,
sobre todo porque en las enciclopedias de los besos no aparece este tipo de
ósculo: el beso-down.
Creo que habría que
interpelar a los eruditos de la real academia de los besos para que los
incluyan con nombre propio, porque verdaderamente son exclusivos, pero cegados
por el consumismo y las normas sociales solamente se preocupan por investigar
los besos de príncipes, princesas, damiselas y caballeros… y se olvidan de que
hay muchos otros que también merecen estar en el catálogo de besos.
Afortunadamente, a
pesar de la presión mediática, siguen existiendo sigilosos besos que
estrepitosamente te desarman la fiereza.
Felizmente, sigue
existiendo quien es capaz de dar el más puro beso en la mejilla a la antigua
usanza.
Por dicha, me
hace tanta ilusión, que seguiré catalogando los besos “como dios manda”, enfrascando los auténticos y desechando los embusteros y manidos.
"Desde la
creación del beso ha habido cinco grandes besos que han sido catalogados como
los más puros, los más intensos, los más apasionados de todos los tiempos… este
los superó a todos”
(La princesa prometida.
William Goldman)
1 comentario:
Gracias por no callar...
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