domingo, 3 de marzo de 2024

LA GATA SIN TEJADO

 Y el tejado se derrumbó

sin posibilidad de escape,

ni de decir adiós si quiera.


Claramente, 

necesitaba una inversión en reparaciones,

que por falta de te quieros y tiempo 

se fueron dejando para otro momento.


Fui experta

en la estratégica colocación de cubos y calderos

en las noches de tormenta,

en la técnica de dos pares de mantas para evitar

el roce del viento gélido,

en la radio y la tele encendidas 

para esquivar el crujir del techo.  


Pero, aún así,

se hizo invierno en mi cuarto.

Se helaron las sábanas 

y el edredón no abrigaba,

y en cada siseo que llegaba de fuera

se escarchó la almohada y el alma. 


Y el tejado se derrumbó

(afortunadamente, cuando estaba fuera)

La casa coraza se volvió un amasijo

con todo lo que la habitaba. 


Ahora entre escombros camina la gata 

intentando encontrar entre las tejas

aquello que la hacía sobrevivir,

escarbando el polvo,

deslizándose entre las vigas,

husmeando algo de comida,

pues se ha olvidado

cómo era eso de sobrevivir en la calle.


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