Sólo en ti yo bebo poesía,
saciando la sed
en un hombro nuevo,
lamiendo versos
agrios y secos
hasta desgastarlos por completo.
Sólo en ti yo bebo poesía,
me embriago de caricias y melodías
agostando las últimas gotas
de la cálida lluvia caída
en el rincón de tu cuello.
Sólo en ti yo bebo poesía
alimentándome de tus ojos,
me lleno de letras y palabras
que de dolor me envenenan,
miradas alambicadas
que de amor me estrangulan.
Me bebo la poesía
hasta dejarla seca,
pero no se acaba.
No se consume la pena,
con su voz no me desvanezco,
por más poesía que bebo
no desaparezco,
lo único que consigo
saciando la sed
en un hombro nuevo,
lamiendo versos
agrios y secos
hasta desgastarlos por completo.
Sólo en ti yo bebo poesía,
me embriago de caricias y melodías
agostando las últimas gotas
de la cálida lluvia caída
en el rincón de tu cuello.
Sólo en ti yo bebo poesía
alimentándome de tus ojos,
me lleno de letras y palabras
que de dolor me envenenan,
miradas alambicadas
que de amor me estrangulan.
Me bebo la poesía
hasta dejarla seca,
pero no se acaba.
No se consume la pena,
con su voz no me desvanezco,
por más poesía que bebo
no desaparezco,
lo único que consigo
es la resaca del gemido.
[Sólo en ti yo bebo poesía título de un libro de crítica literaria de José Carlos Briñón]
3 comentarios:
Bonito poema.
Hay momentos en la vida en que las personas andan vacías, a tientas, aturdidas, sin caricias, derrotadamente serenas. También hay hijos de la palabra que se generan entre dos.
Hijos tardíos de la primavera,
amasados en el brotar de la vida,
que abren sus ojos para cerrar los puños
como frutos del invierno frío.
Ahora que sé cómo surgió el poema, me pregunto: ¿Cómo es posible que los números tengan tanto poder de inspiración poética? Claro que la respuesta me la tendrás que dar tú... si quieres, claro, si quieres, siempre con libertad.
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